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Lapsos de Razón

Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo? Deseaba un silencio perfecto. Por eso hablo. -Caminos del espejo, A. Pizarnik-

El día abre sus puertas al azar,
la noche nos ha abandonado
con los puños encerrados y
los ojos expectantes
presenciando la majestuosa metamorfosis.
La incertidumbre se sienta en mi regazo, juega conmigo
y yo me olvido.

El tiempo impasible se refleja
resbalando por el llanto
que lentamente escapa de mi cabeza
sofocando el grito de auxilio
que los ecos nocturnos insertaron en mis oídos
haciéndolos sangrar como la herida de un piercing infectado.

Páginas en blanco

Todo respira a mí alrededor. Todo me transmite su absorbente silencio. Noche mágica, luna amarillenta que se esfuma, se escapa con mis deseos y mi felicidad. El tedio se hace mi compañero, me alío a él y a todas sus fuerzas y ejércitos majestuosos.

Los días pasan sobre mis hombros como las páginas en blanco de un diario que jamás será escrito. Mi espíritu enclaustrado en esta fealdad de huesos y carne, quiere escapar en busca de alguna luz, de algún arrebato, de algún placer que lo extraiga de esta constante agonía. El encierro me sofoca. La tierra me parece muy pequeña. Nada que hacer cuando se ha perdido la pasión por las cosas más mínimas.

Donde todos ven alegrías yo veo hipocresía.
Donde todos ven belleza yo veo grotesquería.
Donde todos ven amor yo veo una muestra el egoísmo más profundo
y asqueroso de los hombres.

Mi cabeza desespera por no poder comprender lo que sucede. Me miento la existencia. Intento inútilmente compenetrarme con ellos, ser uno de ellos, hacer las cosas que ellos hacen. Persigo a la luna deambulando por el limpio cielo lleno de estrellas como un loco enamorado incapaz de comprender los misterios del amor. Todo se me escapa de las manos y quedo de nuevo contemplando al sol siendo devorado por el horizonte, mi horizonte imposible, mi horizonte que añoro pero que temo tanto alcanzar.

Y por que no dejarme hechizar por la embriaguez aniquilante
si ya nada espero en esta vida
y lo unico que hago con total devocion y anhelo
es invocarla como quien toca insistentemente a una puerta
de una casa que se encuentra vacia.

Perfora mi piel,
me hiela la sangra,
me seduce tiernamente
y yo le rindo pleitesia,
la deseo, estiro mis dedos intentando alcanzarla
pero la vida me tiene atado y amordazado,
mis ideas, todas, se asfixian y sucumben ante el olvido
y el irasible e irreversible paso del tiempo.

Llevame, por favor, arrastrame
del otro lado de la noche
haz con mi sangre mi epitafio
con mis ojos dos estrellas refulgentes
y con mis labios una puerta
que me lleve para siempre a tu lado.

He intentado hasta el cansancio andar
sin sentirme a cada paso abandonado, poseido
por el llamado de los agonizantes,
pero,
quien puede negar su lugar de origen?
Como negar la patria, la patria verdadera,
la que te a engendrado?
Como ocultar que pertenezco a la noche
y a sus hermosos cantos de desesperacion?

El peso de los dias cae sobre mi memoria
las horas y los minutos son paginas en blanco
que irreflexivamente hago caer sobre mi cuerpo calcinado. (exitngo)
Soy inexorablemente victima de mi circunstancia,
eso todos lo saben, pero en mi caso la herida es mas penetrante
y ha llegado a profundidades a donde la razon
se llega a confundir con la locura
si es que alguna vez ha existido alguna diferencia,
si es que no todos bebemos de ese caliz amargo
que es confundir el vino con un vaso de agua.

“Deja de caminar, olvidaras el camino a casa.”,
me decian,
“Te perderas en la profundidad impenetrable del bosque
y de esos arrabales nadie ha regresado intacto”.
Pero no escuche, me deje guiar, caminando,
persiguiendo la voz que me llamaba
y al llegar al punto de origen
lo unico que encontre fue un saco de huesos hechos polvo,
la coleccion total de mis angustias
y la magnificencia teatral de mis incontables miedos.

“La poesía, por poco que se quiera descender hasta el fondo de uno mismo, interrogar el alma, evocar sus recuerdos de fervor, no tiene más objeto que ella misma; no puede tener otro, y ningún poema será tan grande, tan noble, tan verdaderamente digno del nombre de poema como el que se habrá escrito únicamente por el placer de escribir un poema.”
-Escritos sobre literatura, Ch. Baudelaire-

“Los niños
nacidos
a finales
del siglo
serán alegres.”,

decía Otto Rene Castillo en 1957, cuanto hubiera querido que tus luchas no fueran en vano. Cuanto hubiera querido que la sonrisa de esos niños que vos imaginaste alegres no hubiera sido borrada por el arma de la burocracia y el obsceno abuso de poder, cuanto hubiera querido que la sonrisa de ese niño que vos imaginaste a mediados de siglo no hubiera sido la mía escribiéndote en ausencia estas tristes palabras. La lucha ya no existe, ni siquiera yo lucho mas a falta de ánimos y esperanza. Muchos dicen que la esperanza es lo ultimo que se pierde, pero como no perderle entre tantos matorrales negros que crecen propagando su sombra y nublando mi campo visual? Como poder creer de verdad en un mejor futuro si las utopias hoy están a la orden del día, si la aflicción nos envuelve con sus desgarradas manos y la patria -querida, hermana, compañera- ha sido cambiada, prostituida y olvidada, por cuentas en dolares (o Euros) y tecnología de punta.

Buscar nuevas palabras
para decir las mismas cosas,
concebir la metafora y los simbolos
como los insalvables caminos a seguir
aunque no los entiendas nunca
aunque las palabras te tiendan trampas
aunque las lagunas mentales te gobiernen.
Nada queda por decir en este tumulto
mi voz ya no se distingue
mis ojos se pierden en el vacio
contemplando el infinito
y mis manos rebuscan
.

Algun dia asumire que todo es inalcanzable.

Mientras la noche me atrapa
y los perros vociferan sus cantos
añorando el infinito
mi cuerpo se descuelga del hilo temporal
y se deja ir por las cosas, las personas y la vida.

Cuida tus pasos del barro en los zapatos,
la caida puede ser fatal.
Cuida tu cuerpo de la miel de las abejas
devoradoras de piel.
Cuida tu alma de ser asesinada
por los seres muertos que caminan a tu lado.

Pozo Sin Fondo

Vértigo.
Los días me desdoblan.
El camino comienza a ser irreversible.
Las tranquilidad es elixir prohibido
para los que hacen de la duda su emblema
caminando sin destino absoluto
hacia el inmenso y eterno abismo.

Estoy acostumbrándome a la caída constante.

Reminiscencias

Bastaba conjurar tu nombre
apenas pronunciarlo
para cobijar mis manos del vacío invernal.

Bastaba palpar tu piel
apenas tocarte
para destruir el mundo y sus engaños mortales.

Bastaba perderme en el furor
en el enigma de tus ojos vigilantes al vacío
para condenar la noche a complacer nuestros caprichos.

Bastaba que te quedaras
para sanar mis discrepancias emocionales
en vez de ver tu espalda, tu pelo, tus caderas,
corriendo, huyendo,
para siempre apartándote de mí.

No estoy vivo

No.
No estoy vivo.
Soy un saco de huesos
vagando errante por un mundo
que jamás podré comprender completamente.

No.
No estoy vivo.
Mi mirada fue absorbida
por horas completas de insomnio
mientras un puñado de flores marchitas ardía en mis pupilas.

No.
No estoy vivo.
Mis dedos hurgan el vacío.
Mis manos temblorosas se acercan
buscando usurpar el trono del tiempo.

No.
No estoy vivo.
Mis pies cansados de andar
descalzos y sin destino, sangran
añorando la infancia, ahora indivisible.

No.
No estoy vivo.
He olvidado mi nombre.
Las sombras murmuran y buscan
alguien que pague con muerte su eterna soledad.

No.
No estoy vivo.
Mi boca vomita palabras
hablo sólo por hablar, para intentar
decir las cosas indecibles por las que escapo.

No.
No estoy vivo.
Arrastro mi cuerpo quebrantado
y encadenado a esta tridimensionalidad
que le quedo corta a mi espíritu sediento de libertad.

No.
Ya no estoy vivo.

Me han asesinado.

Historias de Martes.

No podía ser un día más en casa sin hacer nada. Tenía que salir a algún lugar, cualquier lugar, con tal de no volver al sedentarismo en el que me sumergí hace unos meses y del que por fin, con algo de dificultad, estoy saliendo aún. Desperté con la misma aflicción existencial de todas las mañanas. Mi mirada perdida viendo hacia el techo, cuestionando a la vida por introducirme de nuevo a esta realidad incomprensible. Después de unos minutos logré por fin levantarme de la cama, tal vez le di un vistazo al teléfono para leer las notificaciones que me habían llegado en la noche. Nada, como siempre, pero este acto se ha convertido en un patrón de la mayoría de jóvenes de la generación “smartphone”. Mi hermana todavía no se había ido. Fui a la cocina por una taza de café, tomé mi libro y me puse a leer, un tanto distraído tal vez porque, primero: no sabía que desayuar, segundo: el teléfono que no dejaba de sonar, y tercero: no tenía hierba qué fumar. Mi hermana se despidio mientras yo caminaba a la cocina para cocinar algo, o para pensar qué iba a cocinar. Se me ocurrió hacer una tortilla de papas, pero se pegó toda en el sartén y terminó siendo una mezcla abstracta y amorfa de huevo revuelto con cebolla, tomate y papas cocinadas con un rico aceite de oliva. Le escribí a Ismael para juntarnos en algún lado a echar un puro o algo, pero no podía por el trabajo. Eran, si mal no recuerdo, las diez de la mañana. No quería ir a la casa de Leonardo, tenía que haber algo más en lo qué desperdiciar mi tiempo. Hiciese lo que hiciese iba a necesitar dinero. Llamé a mi papá y me dijo que me había dejado algo de dinero escondido debajo de un adorno encima del bar. Encontré quince quetzales. ¡Maldición! La puerta del cuarto de mis papás estaba abierta así que entré a tomar cinco quetzales y cerré. Ya tenía veinte Quetzales, recordé que tenía dos Quetzales más que me habían sobrado anoche. Eso ya era algo. Entonces no sé cómo ni porqué me recordé que tenía bastante de no ir al museo de arte moderno, era buena idea ir. Pero antes tenía que ir a zona uno a comprar hierba. Me puse un pantalón, una playera, metí mi libro y suéter a la mochila y salí de mi casa. La idea inicial era pasar comprando hierba al parque, tomar un bus que me dejara por el museo, buscar algún spot tranquilo para fumar un porro, entrar al museo, juntarme con mi hermana en algún lugar y regresar con ella a la casa. Todo parecía encajar a la perfección, así que me fui. Ya cuando iba en el bus me di cuenta que no tenía encendedor, oh maldición de los que fumamos marihuana en este país.  Bueno, habría que pasar comprando alguna carterita, no era ningún problema. Pasé a zona uno a comprar hierba, el parque estaba repleto de policías y soldados que impedían realizar el trámite con el dealer. Si no se podía en el parque seguro había alguien en el callejón vendiendo. No había nadie. Regresé al parque y los policías se habían desaparecido como por arte de magia en cuestión de cinco minutos. Tuve que esperar al dealer un rato. Mientras lo esperaba un hombre joven que estaba sentado en las gradas del portal también esperando al dealer me habló. Yo le contesté para aparentar no ser un antisocial. Tenía un libro en la mano y le pregunté si lo podía ver. No me recuerdo del título, pero sí recuerdo que me pareció aburrido, seguro tenía algún “mensaje cristiano de beneficio para tu vida” o algo parecido, no me llamó la atención y se lo devolví con desdén. Él me preguntó qué estaba leyendo yo (estoy leyendo 1984 en inglés), le mostré el libro, me preguntó si lo entendía (cosa que me pareció estúpida pues sino no lo estaría leyendo, en fin, tonterías de la gente) y como él no entendía nada me preguntó de qué se trataba. Yo le conté que se trataba de sistemas políticos represivos, totalitarios etc. No sé si entendió, pero me dio a entender que sí había entendido entonces no quise prolongar más el tema. Me contó que vive en Panajachel, yo le conté que viví ahí un tiempo y entre plática y plática se nos fue como media hora. Por fin llegó el dealer, me dio mi hierba, me despedí y me fui. Ya era medio día. Pasé comprando un Quetzal de papos y me fui sin saber adónde ir para continuar el plan. Ya sólo me quedaban ocho Quetzales. Pensé en tomar un bus en la décima avenida que me llevara a la reforma y después tomar algún otro que me llevara cerca del museo. Llegué a la décima avenida cuando me recordé que los buses que van a la reforma ya no toman la décima, se quedan en la dieciocho calle. Pero entonces, vi el Transmetro, pensé que si tomaba el Transmetro para la dieciocho ahí podía transbordar a uno que me llevara a la reforma, y gastar sólo un Quetzal. Parecía razonable. Me subí al primer Transmetro que llegó, sabía que había algo extraño, que esa no era la ruta que usualmente tomaría ese Transmetro, pero no sé porqué no le hice caso a mis sospechas. Tal como lo pensé, ese Transmetro me llevó solamente a la Plaza Barrios. Maldije a Arzú y a su estúpido e ineficiente sistema de transporte (Claro, tenía que rematar con alguien mi estupidez). Ahora tendría que pagar otro Quetzal para tomar un Transmetro que me llevara a la Reforma. No dejaría que eso hechara a perder mis planes, fui a la otra estación y esperé al siguiente bus que llegara. Ya sólo tenía siete Quetzales, así que al llegar a mi parada me bajé y pensé que sería buena idea caminar desde el Blvd. Liberación hasta el Museo, no estaba muy lejos y así podía ahorrar un poco de dinero. Caminé, luego el calor y el sudor me hicieron arrepentirme, llamé hermana pero me dijo que regresaría tarde a la casa. ¡Diablos! Ahora tendría que regresarme en bus a la casa, lo que significaba que tenía que guardar dinero para regresar. Si la entrada al museo me costaba dos Quetzales ya sólo me quedaban cuatro para regresarme. Ese era un problema, porque a las cinco de la tarde la mayoría de buses ya cobran dos. Ya cerca del museo comencé a buscar algún lugar para poder fumar tranquilamente, caminé bastante, mucho, llegué casi hasta el aeropuerto, encontré un lugar con sombra donde sentí seguro y me senté a la sombra de un arbol, al lado de la carretera. Hacía mucho viento y a pesar de estar cubriendo la hierba con el libro no pude evitar que se volara un poco varias veces, con algo de dificultad terminé de picar la hierba. Me disponía a hacer el porro cuando me di cuenta que no tenía killer, ¡Y el fuego! ¡Maldita sea! Lo había tenído presente todo el camino y sin embargo se me había olvidado comprar una carterita. Ahora sí estaba completamente frustrado, prensé la heirba con el libro y comencé a caminar buscando una tienda o alguien que me pudiera vender una carterita. Encontré una como a cinco cuadras, compré la carterita, ya no iba a regresar al lugar de antes, así que con total desdén me tiré a la sombra de un arbol en plena acera y ahí forje y fume mi porro. Para entonces ya eran las tres de la tarde. Ya no me daba tiempo para ir al museo. Tenía seis quetzales en la bolsa. Como ya estaba totalmente frustrado por el mal día que tuve decidí regresar a casa y ya. No tenía ganas de absolutamente nada, pero aún así, creo que por efectos de la droga, no me parecía del todo mal. Por lo menos había salido de la casa, había comprado hierba y además me parecía que por algún motivo tenía que regresar a la casa en ese momento y me fui sin chistar. Ya en el bus que me llevaría de regreso a casa venía sentado en uno de los asientos de atrás, cuando veo subir a una mujer hermosa. Quiero ser completamente enfático en esto, generalmente soy del tipo de hombres que cada vez que salen a la calle se enamoran por lo menos diez veces, pero esto era compeltamente diferente. Estoy seguro que mis ojos brillaron y una sonrisa inconscientemente se hizo en mi boca. Claro, ella no me vio nunca. Tenía el cabello negro, una blusa negra, un pantalón negro, una bufanda verde. Ojos cafés. Piel blanca. Mirada un poco perdida, pensativa. Al bajar del bus me dieron ganas de decirle el verso de Béquer: “¿Qué es poesía? Poesía eres tú.” pero no me atreví, no pude. Estoy seguro que lo hubiera entendido, tal vez incluso ya había leído el poema alguna vez, pero cuando una mujer me encanta como ella todas mis facultades de parecer alguien “normal” se desvanecen, seguramente los nervios me hubieran hecho cagarla. Mejor no hacer nada. Llegué a las cuatro a mi casa. Comí algo, y me fui a dormir un rato. Desperté como a las seis y pensé que podría ver la película que Andrea me había recomendado, dijo que el personaje principal le recordó a mí, así que tenía que verla. La película, por si a alguien le interesa, se llama “The music never stopped”. Me gustó, bastante, me parece interesante que alguien pueda recuperar los recuerdos con música, me parece interesante porque en cierta forma yo considero tener una memoria musical también. La música es la manera perfecta para hacerme recordar algo, algún momento, alguna situación. Siempre hago conecciones musicales con las personas, lugares etc. No sé porqué. Dormí de nuevo y me desperté como a las diez y media. Aún tenía un cigarro en la bolsa del abrigo así que salí a fumarlo. Estaban los brothers de la colonia jugando conquian, yo no jugué porque ya no tenía dinero. Estabamos en plena plática y juego cuando se comenzaron a escuchar unos gritos en la calle. Nos acercamos a ver y una señora con un bebé nos pasó atropellando, abriéndose paso rapidamente cruzó la puerta y se perdió adentro de la colonia. La seguían tres señoras y un niño. Las señoras gritaban que la querían matar, con el maquillaje corrido por el llanto desconsolador que acompañaba sus alaridos. Según lo que entendimos de la historia, porque la señora se puso a contarnos su historia como si nos hubiera visto cara de Laura Bozzo, la señora con el bebé fue descubierta adentro del carro del marido con él adentro. Según la esposa del señor él la golpea, la maltrata, y le es infiel con la señora que tenía cargado al bebé. Se quedaron esperando en vano a que saliera de nuevo la señora. Nosotros seguimos fumando sin hacerle caso a la señora, creo que ella quería que alguien la escuchara, pero ninguno de nostoros estabamos en la disposición, además en problemas maritales lo mejor es no meter las narices y esperar a que las cosas caigan por su propio peso. Al final pasó una patrulla, la señora la paró y se los llevaron no sé adónde. Nos vimos todos, entre sorprendidos y cagandonos de la risa. “Historias de martes”, le dije a Brian. “Cabal”, me contestó.

Filosofías de vida y contingencias

En un mundo en constante cambio, ¿es en realidad sensato afirmar que hay solamente una manera de pensar? ¿No nos basta encararnos a los constantes cambios a los que nos enfrentamos todos los días? ¿No es idiota pensar que todos los cambios que se producen en nuestro entorno no nos afectan de algunas (o de muchas) maneras? Muchas veces cuando expongo mis argumentos me encuentro malinterpretado por las personas como alguien arrogante, pero creo que es solamente porque la gente se siente ofendida o atacada por todas las cosas que no pertenecen a determinado “statu quo”. Pero esto no debe confundirse con arrogancia. Con el tiempo nos damos cuenta de que como diría Alina en uno de sus poemas: Las filosofías no son de concreto; todo es contingente, todo cambia, todo gira, rota, muta y transmuta. En definitiva es difícil escuchar a alguien opinar sobre la vida cuando su concepto de vida no se amalgama con el concepto que día a día nos empeñamos inútilmente en cumplir. Sí, inútilmente porque nunca seremos completamente fieles a lo que decimos o queremos creer, podríamos señalar por lo menos una vez al día (si bien nos va) en la cual no nos comportamos de acuerdo a lo que proclamamos la mayoría del tiempo. Claro que no debemos sentirnos culpables por eso, es algo completamente normal de nuestra condición cambiante y mutante, querer ser el mismo todo el tiempo, aparte de aburrido, es completamente utópico, pues sería menester abandonar la condición de arrojo a este mundo y la búsqueda constante de nuestro ser pleno, nuestra plenitud, que como diría Cortázar en una entrevista refiriendose a la constante lucha del escritor por escribir su libro “último y definitivo”: moriremos antes de lograrlo. Sólo nos queda saciar nuestra curiosidad, experimentar, destrozar filosofías para amoldar una que intente por lo menos encajar un poquito a lo que nosotros esperamos de la ella.

15 de Septiembre, falsas promesas y derrotas.

Los días de Independencia Patria en Guatemala son los más detestables del mundo, los más hipócritas (alguna vez lo he dicho), los más carentes de sentido real. ¿Cuál independencia? Miles de niños gritando “Guatemala, Guatemala”, sin pensar por qué, confiando en el discurso archi-masticado a lo largo de los años, formando desde pequeños lindos soldaditos que defenderán la “soberanía”, entregando sus vidas, deshumanizándose para defender un pedazo de tierra que a lo mejor y ni es suyo, a lo mejor nunca pensaron (o nunca quisieron pensar) que es el azar el único que nos mantiene atados a esta parcial verdad, que el hecho de nacer en un país o en otro responde a razones mucho más incomprensibles que un par de coordenadas.

O, sino, ser simples personas acomodadas al sistema rutinario de masas aglutinantes que todos los días van a trabajar a muy tempranas horas (algunos en la tarde o en la noche, pero un traslado de horarios mentales bastará), se aburren, lo detestan, quieren renunciar y no pueden, almuerzan rápidamente, algunos se toman todavía 10 minutos para para fumarse un cigarro, regresan al trabajo, lo siguen odiando, lo detestan más, ruegan al señor o a Cthulhu, y llegada la hora de salida solo quieren llegar a la casa a descansar, ver alguna película porno o pasar tiempo “de calidad” (que obviamente pierde todo el sentido de calidad después de pasar 8, 9 o 10 horas encerrado en el infierno) con la familia. Dormir lo más que pueda, y despertarse al otro día para volver a hacer lo mismo de todos los días.

¡Qué linda soberanía la que nos hemos ganado!

Por eso es que esta festividad me parece estúpida y ridícula. Carente de sentido. El día en que logremos derrotar los muros que nos separan a unos de otros y comprendamos que las personas también son espejos y los espejos son para reflejarse, para reflejar nuestra alma, nuestra esencia, el día en que el amor por fin venza entre nosotros y podamos caminar juntos todos tomados de las manos hacía la evolución de una especie que supo superar sus diferencias.

Niño detrás del muro

Sos el temblor de mis voces
que aúllan cantos mudos
entre la noche adormilada
y las horas llenas de insomnios.
Persibo tu aliento que me asfixia hasta la exasperación,
siento tu respirar pausado,
el calor de tus labios,
el cosquilleo de tu lengua recorriendo mi cuerpo,
las ganas de estallar se amontonan en mi garganta y en mi sexo.

Mi vida pende de tus manos,
mi cuerpo fracturado se columpia bajo tus pestañas,
el aire me cala hasta los huesos,
el eterno espectador silente camina sin tregua
acortándome la vida
escondiéndome del presente.

El reflejo del espejo del pasado
se empaña frente a mis ojos
y todo lo que alguna vez creí o conocí
sucumbe torpemente ante el enhiesto muro de la realidad.
El futuro con el que soñaba cuando niño
tiene el talle amorfo de mi miedo más antiguo
y yo me escondo detrás del muro
hasta que yo me rinda o él por fin me encuentre
y me arrastre.

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